Acabo de ponerme al día con Fringe. Locura absoluta. Desde principios de febrero llevo con el chip maratoniano para conseguir llegar a tiempo a los últimos capítulos de la cuarta (y esperemos que no última) temporada. Me mataba no poder meterme en blogs o andar por Twitter con cuidado para no tropezarme con demasiados espoilers (aunque alguno ha caído, inevitablemente). Y, sobre todo, no soportaba no poder comentar lo que estaba viendo.
Justo me he puesto al día con la serie en el mejor momento. No es ningún secreto que el 4x19 es uno de los mejores capítulos de la temporada. Y estrena nueva intro. Los cambios de cabecera en Fringe son ya una tradición. Ya vamos por siete versiones. ¿Seguiremos sumando?:
El 1 de abril nos encontramos en pleno casco histórico de Murcia con el XII Rally Región de Murcia organizado por el Club Ruta del Sol. Coches clásicos y de época con sus dueños vestidos tambíen de época.
Más allá de lo que me chocó el reparto de dulces, las procesiones murcianas dan juego a los fotógrafos gracias a las imágenes que sacan a la calle y a su paso por la plaza del Cardenal Belluga, con la catedral al fondo.
No se me pasaba por la cabeza que una procesión de Semana Santa se pudiera parecer tanto a una cabalgata de Reyes... En Murcia es tradicional que, en las procesiones, los cofrades repartan caramelos y dulces de todo tipo, que van desde caramelos y piruletas hasta bolsas llenas de golosinas variadas. Los niños van preparados con bolsas para recoger todo lo que los cofrades reparten.
También me llamó mucho la atención que el reparto no es nada aleatorio: los cofrades, muchos de los cuales van con la cara descubierta, eligen a quién dan las golosinas. Incluso diciendo con nombre y apellidos quiénes son para que la persona que recibe el regalo lo tenga en cuenta...
Otra curiosidad es ver esos trajes llenos de caramelos, con aberturas varias para que puedan ir metiendo la mano y sacando los dulces con más o menos facilidad. Una tradición que a los que no somos de allí nos choca mucho: ver niños metiéndose en medio de una procesión para pedir caramelos a los cofrades, los cuales procesionan sin demasiado orden porque se entretienen cada dos por tres en el reparto.
Demasiado raro para mí, acostumbrada al estilo castellano de la Semana Santa, mucho más ordenado, silencioso y contenido.
Después de ocho capítulos de The Riverme reafirmo en lo que dije tras ver el episodio doble con el que arrancó. Las mismas dudas que tenía se han mantenido durante los ocho capítulos que ha durado la primera y, previsiblemente, única temporada de la serie. Querían dar miedo al estilo Paranormal activity o El proyecto de la bruja de Blair, un tipo de miedo que a mí no me llega y que es complicado sostener durante tantos minutos. Ni muñecas diabólicas colgando de árboles, ni espíritus chungos que toman posesión de la gente, ni cámaras nocturnas que captan movimientos extraños.
Y lo que es más grave: no he llegado a empatizar con ninguno de los personajes. Ni me provocaron simpatía ni odio. Me daba igual que rescataran o no al explorador Emmet Cole. De hecho, visto lo visto, pensaba que era mejor si no le encontraban. El resto de personajes que formaba parte de la expedición que va al Amazonas a buscar al aventurero tampoco se ganaron mi simpatía. Por no mencionar a los personajes hispanos (aunque el español del padre era más que sospechoso): la única función de la niña era contar en nuestro idioma las leyendas que explicaban los acontecimientos que estaban presenciando.
No me creo que las cámaras capten todo, todo. No me creo que todas las leyendas de la zona se vuelvan contra ellos. No me creo los diálogos y las situaciones. Es una serie que solo se puede entender como un entretenimiento ligero y que, para aceptarla, hay que hacer demasiadas concesiones. Que tenga momentos interesantes no justifica toda una serie llena de efectismos.
Y lo que más rabia me da: que quisieran hacernos creer que iba a ser el nuevo Perdidos. Ja.
No hay que fiarse de las apariencias; ni de los títulos de los libros. Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, precisamente por culpa de su título, llevaba mucho tiempo en las estanterías de casa sin que a nadie le diera por leerlo. Normal, da pereza. Pero resulta que si se le pueden sacar muchas pegas, quizá demasiadas, una de ellas no es que cueste leerlo.
La novela de Albert Espinosa es de lectura rápida, fácil, sin complicaciones. E igual que se lee, se olvida. Sin más. Eso sí: el título no tiene nada que ver con lo que te encuentras en el libro... hasta el final.
Quiere ser y no llega. Quiere ser muchas cosas: bucear en la personalidad de su protagonista, en sus relaciones, plantear mundos posibles, otras vidas, otros seres... Pero se queda a medio camino. Tanto surrealismo en medio de una narrativa tan cercana, tan de tú a tú, no convence. Algo chirría.
Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yocuenta la historia de un chico con un peculiar don en medio de un mundo que está dejando de dormir, abandonando sus sueños para decantarse por la realidad. Pero súbitamente, su mundo cambia en una noche. Justo la noche después de que su madre muera.
Espinosa nos deja con un amargo sabor de boca después de habernos llevado por la historia de una noche tras la que la vida del protagonista no volverá a ser la misma. Pero poco nos importa el chico que nos cuenta su vida. El mundo imposible que nos presenta el autor no cala en el lector (al menos, en esta lectora). Eso sí, engancha al principio y después quieres saber cómo termina todo; el estilo de escritura sencillo y ágil hace que sea fácil engancharse y llegar al final.
A quienes sueñen con mundos alternativos y otras vidas posibles, puede que les guste Todo lo que podríamos haber sido... A los que tenemos los pies en el suelo, nos chirría esta mezcla. Lo que está claro es que Albert Espinosa tiene excelentes facultades como narrador. Quizá con otra historia me guste más.
Porque no todos vemos las series al mismo ritmo. Porque lo que tú sabes que pasa en una serie puede que yo no lo sepa todavía. Mejor evitar los spoilers y fastidiar a los demás el descubrimiento de lo que va a ocurrir.
Varios actores de serires nos dicen (en clave de humor) unas sencillas reglas para evitar espoilear a diestro y siniestro (vídeo en inglés):
La vida de cualquiera, narrada simple y sencillamente, puede ser una novela. La gracia está en cómo se cuente. Es lo que tiene Cuatro hermanas, el único libro de Jetta Carleton, que pretende contar la vida de una familia de Misuri, que vive la mayoría del tiempo en una granja.
El libro se divide en la historia de las tres hijas mayores y los dos padres, cada uno con sus deseos satisfechos e insatisfechos, sus secretos y sus amores.
Narrado de una forma sencilla, no termina de apasionar pero tampoco te lleva a abandonar, una lectura sin más que se lee y se olvida igual de fácilmente. Una novela de personajes, con los sentimientos por encima de la acción y la sencillez del mundo rural que agobia y satisface a partes iguales a los protagonistas. Una historia de la vida, sin más.