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lunes, 20 de septiembre de 2010

Caín odia a Dios


José Saramago se marchó, y nos dejó su obra. Llevo con Caín en la estantería mucho tiempo esperando su turno para ser leído. En pocos días lo he devorado, como me ha pasado con todos los libros que he leído del escritor portugués. Y, como siempre, lo que me ha cautivado ha sido la forma. El fondo no tanto, en esta ocasión.

Caín hace un repaso rápido a muchas de las historias que recoge el Antiguo Testamento a través de un personaje que viaja en el tiempo y el espacio como si de un personaje de Perdidos se tratara, Caín. En todas las ocasiones se pone en duda la decisión de Dios, su arbitrariedad respecto a los seres humanos y lo injusto de muchas de sus decisiones (en Sodoma y Gomorra, en la vida de Job...). Caín se encargará de resaltar ese lado injusto de las decisiones del creador, ese por el que mató a su hermano Abel.

El estilo de Saramago permanece inalterable, aunque también hay otros libros en que brilla más. Su prosa sencilla y limpia atrapa. Pero su mensaje "rebelde" y contrario a Dios en todo momento, termina cansando.

Aun así, es Saramago; sabemos su punto de vista frente a Dios. Ya habrá ajustado cuentas con él. Lástima que no pueda volver para decirnos si estaba en lo cierto.

sábado, 19 de junio de 2010

Saramago forever

Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador del paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. Los conductores, impacientes, con el pie en el pedal del embrague, mantenían los coches en tensión, avanzando, retrocediendo, como caballos nerviosos que vieran la fusta alzada en el aire. Habían terminado ya de pasar los peatones, pero al luz verde que daba paso libre a los automóviles tardó aún unos segundos en alumbrarse. Hay quien sostiene que esta tardanza, aparentemente insignificante, multiplicada por los miles de semáforos existentes en la ciudad y por los cambios sucesivos de los tres colores de cada uno, es una de las causas de los atascos de circulación, o embotellamientos, si quieremos utilizar la expresión común.

Al fin se encendió la señal verde y los coches arrancaron bruscamente, pero enseguida se advirtió que no todos habían arrancado...
Así empieza Ensayo sobre la ceguera, el libro que más me ha impactado en mi vida y el que siempre nombro como libro preferido (después de El Quijote, por supuesto). Saramago nos dijo adiós ayer. Todavía tengo en la estantería Caín, su último libro, esperando turno para ser devorado, como ha ocurrido con el resto de libros de Saramago que he leído.

La vida del Nobel portugués se ha extinguido, pero su obra nos quedará para siempre.