Ya tiene años, se grabó entre 1990 y 1995. Recuerdo cuando era pequeña e iba a Palencia a ver a casa de mis abuelos, que mis tías se quedaban por la noche despiertas viendo en La 2 Doctor en Alaska. Y años después me picó la curiosidad tras oir alguna que otra recomendación sobre series y me puse a verla. He ido a rachas, y he tardado algo más de dos años en ver la serie completa, pero el viernes 26 de marzo llegó el final (si váis a ver la serie, no veáis este vídeo).
En general, una muy buena serie, que juega con la baza de personajes extravagantes, situaciones surrealistas y diálogos ingeniosos para narrar las peripecias de un grupo de personajes que vive en Cicely, Alaska, un mundo aparte que choca con las ideas y prejuicios que el doctor Joel Fleischman trae de Nueva York. Una serie coral, en la que lo importante son los personajes y que no sería nada sin el médico judío neoyorquino Fleischman, la independencia de Maggie O'Connell y la tensión sexual entre los dos, las citas cinéfilas de Ed, la simplicidad de Shelly, las reflexiones filosóficas de "Chris por la mañana", el terrateniente Maurice o el propietario del bar Holling.
Tiene grandes capítulos, aunque otros sin más irregulares. Eso sí, aviso para los que no hayan visto la serie: pierde mucha fuerza en la última temporada. El final no me gustó (¿le puede gustar a alguien?). Pero el recuerdo de otros momentos hacen que la serie en general merezca la pena. No te la pierdas si no la viste en La 2 a esas horas intempestivas a las que la ponían.
De vuelta de Córdoba, pasamos una noche en Almagro. Tenía mucho interés por ver su corral, que tantas veces estudié junto con el de Alcalá. Llegamos justo a tiempo para ver una de las visitas teatralizadas en la que unos actores y la voz en off de Fernando Fernán Gómez explican un poco mejor la historia del Corral y cómo los actores se movían por él.
Un lugar imprescindible para los amantes del teatro.
El momento más esperado y espectacular de la procesión de Jueves Santo en Palencia: el paso por los Cuatro Cantones en la calle Mayor. Los costaleros tienen que subir a pulso el paso con la Cruz para poder salvar los cantones que interrumpen el camino de la procesión. Decenas de personas se amontonan a ambos lados de la calle para asistir a este momento.