Sólo estuvimos una tarde en Benidorm, pero pude comprobar lo que caracteriza a este detino vacacional: lo variopinto de la gente que circula por sus calles. Desde turistas procedentes de todos los puntos del planeta hasta españoles llegados desde los lugares más recónditos de nuestra geografía. Y cada uno con sus peculiaridades, sus gustos diferentes y sus costumbres, y Benidorm tiene ofertas para todos ellos.
Había calles totalmente abarrotadas de gente, y eso que el día en que fuimos hacía casi 40 grados de temperatura (sí, nos asamos). Y, lo mejor de todo: da igual cómo vayas por la calle; allí no llamas la atención.
En la playa de Gandía hay carril bici, algo que en muchos otros sitios se echa en falta. Además de para el disfrute de los vecinos, sirve sobre todo para que se puedan alquilar a los turistas este tipo de tandems con diferente número de plazas y que hace las delicias de los más pequeños.
Un caserón enorme en medio del campo. Dos niños pequeños. Presencias fantasmales. ¿Te suena?
La historia original fue pensada y escrita por Henry James, pero ha servido de inspiración para muchas otras novelas y, sobre todo, para decenas de películas. La mezcla de la inocencia de los niños y las apariciones fantasmagóricas es un recurso sencillo y eficaz si se quiere hacer que el personal pase mucho miedo.
Otra vuelta de tuercacuenta la historia de dos niños huérfanos, para los que su tío y tutor busca institutriz tras la muerte en misteriosas circunstancias de la anterior joven que les cuidaba. Una mujer acepta el reto, pero con lo que no contaba es que no estaría sola con los niños. Además del servicio doméstico y del ama de llaves, en la casa persiste la presencia de los dos anteriores responsables de los niños, quienes mantuvieron una estrecha relación con los niños y ambos muertos.
Una historia sencilla, con un final sorprendente (y del que la edición de Anaya ofrece una posible explicación) y que atrapa desde la primera línea. Un giro más en las historias de terror tradicionales. No hace falta sangre, vísceras o sustos efectistas. Nuestra imaginación al vernos trasladados a ese caserón en medio de la nada con esos fantasmas que se niegan a marcharse y sin que lleguemos a conocer sus verdaderas intenciones es suficiente para que el miedo se apodere de nosotros.
Me gustan las historias que consiguen hacerme sentir algo de la forma más sencilla posible. Así que un 10 para esta novela que, a pesar de haber sido escrita en 1898, hace ya más de un siglo, no ha perdido vigencia. De hecho, el cine todavía sigue bebiendo de ella, con versión más o menos directas de la película: Suspense, Otra vuelta de tuerca, El celo, Los otros...
Todo el mundo se paraba a mirarlo y a hacer fotos. Un Ferrari rojo era la nueva atracción de la playa de Gandía. Por 20 euros te podías llevar una gorra y una pequeña vuelta en el coche. El precio iba subiendo si querías que la experiencia fuera grabada para tenerla de recuerdo y si querías conducir tú mismo el coche.
El hombre de la gorra era, sin duda, su propietario. Me acordé de Joey, cuando parecía que le había "vomitado" un Porsche. A mí, desde que probé los Aston Martin, nada así me impresiona.